El tranvía amarillo es un pequeño comercio local, situado en el centro de Güéjar Sierra donde encontrar información turística acerca del patrimonio natural y cultural de nuestro entorno. También puedes adquirir souvenires, artículos textiles y artesanía local, para llevarte a casa un bonito recuerdo de tu estancia en Sierra Nevada.
Ven a vernos en Genil 24.

For information about Güéjar Sierra, its cultural heritage and surrounding landscapes, come to the Yellow Tram, our small shop located in the center of the village. Here you´ll find suggested activities for all times of year, as well as souvenirs, textiles and handicrafts to remind you of your stay in Sierra Nevada.
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sábado, 11 de octubre de 2014

Paso de los Viajeros Románticos


Muy recomendable en esta época de otoño este paseo circular recuperado hace poco  por el Ayuntamiento. 


Maravillosas vistas de Güéjar


Un subida preciosa en medio de un bosque de encina y roble







Atravesando cortijos, zonas de cultivo









Una subida alucinante


Zona de carboneras






La bajada, rodeando a la altura del hotel santa cruz  hacia el barranco del castillejo, unas peñas impresionantes, amantes de la escalada, aquí salen unas cuantas vías espectaculares!!!!  (quién se anima a equiparrrr)




Y unos marcos para fotos muy molones




Picachos, galayos, preciosa y entretenida la bajada









Y de nuevo, la imagen de Güéjar 

Venga, animaos a patearla, merece la pena ;)

...Y para meternos en ambiente, un poquito de historia:

Intrépidos e intrépidas estos escritores/as del XIX que dieron nombre a este recorrido, os dejamos un extracto de sus aventuras aquí. Podéis leerlo completo en el Libro- catálogo de la exposición Luces del Sulayr, también disponible en este enlace

Grabado de Gustave Doré



El triunfo del Romanticismo se puede situar a partir de 1825 y su crisis unos 25 años después, hacia 1850, si bien su pulso se nota aún una década más. Para las aspiraciones del romántico, España constituía el caldo de cultivo más adecuado; su pasado y su presente lo permitían; su retraso en relación con otros países de Europa lo­graba mos­trar un ambiente de primitivismo, de ingenuidad, que a los románticos enloquecía. Y Granada encarnaba todos los anhelos y aspiraciones de un buen romántico.
Entre lo que se veía, se intuía, se adivinaba y se inventaba, la ciudad y sus entornos fueron lugar sagrado de las peregrinaciones románticas. Girault de Prangey, Richard Ford, David Roberts,  John F. Lewis,  G. Vivian, Egron Lundgren, Louisa Tenison, M. Aumont y, concluyendo el ciclo romántico, Gustavo Doré, son todos ellos personajes vinculados al mundo de la pintura, del dibujo y del grabado, que dejaron su testimonio de una Sierra Nevada que algunos pisaron hasta sus más altas cimas (Ford, Gautier, Lundgren,  Tenison y, aunque algo menos, Doré) y otros se contentaron con seguir contemplándola como fondo de escena de una Granada romántica y morisca que ellos contribuyeron a inventar magistralmente.
El médico alemán, Franck Pfendler D´Ottensheim, quien estuvo en Granada una buena parte de 1846, sí que recorrió efectivamente el macizo, dejando sus observaciones escritas en un libro publicado en Sevilla dos años más tarde, Madera, Nice, Andalucía, La Sierra Nevada y los Pirineos. Realizó el ascenso con un guía lla­mado Arrabal y con él realizó un inmenso recorrido que le llevó de Güéjar Sierra a las más altas cumbres, al Marquesado, Puerto de la Ragua, Alpujarra y Valle de Lecrín.

Su texto es tan extraordinariamente interesante, que en los años siguientes fue utilizado de manera bastante literal por varias guías de viajeros en Granada, como las de Francisco de Luque o Remigio Salomón. Con similar o superior belleza a la conseguida por Boissier, aunque con objetivo totalmente distinto, en el libro de Franck Pfendler D'Ottensheim se recoge una vista panorámica de Sierra Nevada, elaborada por él mismo que abarca  desde el estrecho de Gibraltar hasta el puerto de Almería, con sus dos grandes colosos del Mulhacén y el Veleta, junto con las sierras subordinadas y los más importantes accidentes geográficos de la región, que es uno de los más bellos testimonios gráficos de la historia nevadense.
El viaje con el que se cierra el ciclo de los visitantes románticos a Granada y a Sierra Nevada es el que en 1862 llevaron a cabo Gustavo Doré y Charles Davillier. Ambos acudieron a España "acuciados por el peligro de lo moderno" y con el propósito de "reflejar e inventariar una España que va a desaparecer". El texto escrito por Davillier recogiendo su viaje por España no apareció hasta 1874, con el título L' Espagne. A Sierra Nevada entraron los viajeros franceses por Güéjar Sierra y por la loma del Castañar pasaron al valle opuesto, el de Monachil, y por San Jeró­nimo, la fuente de los Neveros y los Peñones de San Francisco llegaron al Veleta, cuando el sol aún permanecía oculto tras el enorme cono nevado del Mulhacén.

Tras una estancia en Jaén, Doré y Davillier regresaron a Granada y a través de la Alpujarra se encaminaron hacia Almería. De su estancia en la Sierra Doré dejó dos hermosos dibujos, un nevero y  el Panderón del Veleta y de su paso por la Alpujarra tres más: una vista de Lanjarón,  el Barranco de Poqueira y un mendigo de Berja con su hija, que sirvieron para inmortalizar aún más estos aquellos paisajes y darlos a conocer a buena parte de Europa.
La segunda gran oleada de viajeros se produce ya en el último tercio del siglo XIX, vinculada con la Institución Libre de Enseñanza. Uno de sus miembros y promotor activo  del conocimiento de Sierra Nevada fue el Ingeniero de Caminos  Luís de Rute, quien realizó una larga excursión a Sierra Nevada  entre el 3 y el 14 de agosto de 1888. Su experiencia fue publicada en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza –“"Diario de una excursión a la Sierra Nevada"- donde describe las vicisitudes, problemas, acontecimientos y satisfacciones que tuvieron lugar a lo largo de la expedición.

En la edición póstuma de estos escritos  aparece publicado un mapa de Sierra Nevada elaborado por el propio Rute, que es, seguramente, el primer mapa montañero de Sierra Nevada y, sin duda, el primero que se elabora desde la propia ciudad.

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